Cambiar la historia

Reforma
http://www.reforma.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=65864
Autor: 
Roberto Zamarripa

En mayo de 2012, en pleno ascenso de la campaña electoral por la gubernatura de Jalisco de Enrique Alfaro, afuera de la casa de su coordinador de campaña Clemente Castañeda Hoeflich fue arrojada una cabeza de perro con un mensaje: "Fíjate con quién te estás metiendo; así vas a acabar, perro pendejo".

Una amenaza de mafias. Una particular exhibición de uno de los estilos jaliscienses para hacer política.

El vuelco electoral del 7 de junio ha dado la vuelta a ese estilo de dirimir la política y las diferencias. Lo que acontece en Jalisco es tanto o más valioso que el triunfo del independiente Jaime Rodríguez, El Bronco.

Igual que El Bronco, Enrique Alfaro viene del PRI pero su militancia fue efímera, picando piedra en el PRI opositor, mientras El Bronco disfrutó por décadas los esplendores del tricolor y defendió la causa de Roberto Madrazo, misma que Alfaro detestó.

Mientras El Bronco era madracista, Alfaro era lopezobradorista. Uno se hizo alcalde de García e ignoró al cabildo para ejercer su mando con mano dura, el otro llegó a la alcaldía de Tlajomulco donde sustentó su gobierno en la consulta ciudadana.

Ahora amigos, rompiendo con sus pasados, comparten causa pero con una diferencia esencial: para El Bronco el poder del gobierno debe ganarse sin el apoyo de los partidos, mientras que Alfaro comulga con una reforma dentro de los partidos en alianza con la comunidad no partidista.

El efecto Bronco alcanzó para ganar la gubernatura de Nuevo León pero no para fumigar al Congreso que ha quedado sólidamente bajo el control del bipartidismo. El efecto Alfaro alcanzó para lograr mayoría independiente y romper el bipartidismo en el Congreso local y ampliar la mancha naranja en las principales alcaldías de la entidad. El alfarismo gobierna 63.42 por ciento de la población jalisciense.

Ambos comulgan con el entendimiento con la ciudadanía en redes sociales. "El gobernante tiene que salir a la calle, y la calle hoy se llama Facebook", dijo recientemente El Bronco, en una reciente conferencia sobre comunicación política.

Aunque puede ser riesgosa la confusión. La gente es de carne y hueso y no solo de yemas de los dedos. Suponer que en las redes hay un termómetro esencial, único, del humor y ánimo social puede llevar a grandes equivocaciones.

En el caso del alfarismo parece haber una convergencia del protagonismo en redes sociales con la estructura de un movimiento político. Conectar y articular el ánimo de redes con la realidad callejera es difícil; hacerlo desde el gobierno más.

Lo de Jalisco es también una ruptura generacional. Jóvenes nacidos en los setenta, formados en las alternancias políticas, pero también en las crisis sociales; con estudios en el extranjero, decidieron que era su turno en el gobierno.

Una generación que rompió también con el estilo mafioso de hacer política que era la norma impuesta en la Universidad de Guadalajara con la Federación de Estudiantes y el cacicazgo -ya en decadencia- de Raúl Padilla. En las lides estudiantiles tapatías se hacía política con pistola al cinto. Los muchachos que disentían del cacique eran amenazados, golpeados e incluso desaparecidos.

Las generaciones universitarias no tenían otra opción que la sumisión o la muerte.

Valga ver que de una veintena de integrantes del Comité Ejecutivo de la FEG que encabezó Raúl Padilla entre 1977-1979, solamente quedan vivos tres, incluido Padilla. Los que quedaron en el camino no necesariamente fue por muerte natural.

Con Alfaro por primera vez un grupo de egresados o personajes ligados a la UdeG logran un cargo público sin usar la pistola para abrirse paso.

Enrique Alfaro quería ser futbolista y acabó al frente del movimiento político más importante de Jalisco de los últimos 20 años. Rompió la tradición bipartidista y sepultó al PRD local, una izquierda podrida que no hacía honor a dirigentes de enorme calidad como el doctor Joel Robles, el profesor José Luis Rodríguez o Samuel Meléndez. Ha elevado muy alto la expectativa de cambio. Dice que quiere cambiar la historia, no repetirla. Caminará un trienio en la cuerda floja, bajo asedio, en una ciudad donde las mafias perdieron la batalla pero no la guerra.

Cambiar la Historia - Columna de Roberto Zamarripa